Hoy quiero hablar de un trocito de Almería, del comienzo de su ciudad.
La Almería del siglo XI se dividía en
tres recintos, el más antiguo el de la Medina,
de trazado apretado y denso, mandado construir por Abd al-Rahmán III en el
siglo X. Constituía el núcleo de la ciudad musulmana donde se localizaban las
principales instituciones.
Núcleo religioso con la Mezquita Mayor, político con la Alcazaba, jurídico, el cadí o juez se situaba a la entrada de
la mezquita, y económico con la alcaicería
y el zoco.
El trazado urbano actual de Almería
ha cambiado respecto al original debido a despoblamiento, guerras, terremotos y
reformas urbanas que lo han transformado. La calle Almedina era la principal de
la ciudad y comunicaba la puerta del Puerto con la Mezquita y puerta de Pechina.
Hoy se puede seguir su trazado por las calles Tiendas, Mariana, plaza de San
Fernando, Arraez, Almedina y Chafarinas.
El zoco era un lugar de encuentro, en el que
se sucedían las más diversas transacciones. Los oficios y los puestos se
extendían por áreas especializadas, en las que se podían hallar las más
variadas mercancías. Los comerciantes y artesanos abrían sus tiendas en la
calle y ofrecían sus propios productos. Dentro del zoco se encontraba la
alcaicería donde se situaba el comercio de lujo con joyas, sedas, orfebrería, …
La Mezquita era también un lugar frecuentado, no
sólo para efectuar la oración comunitaria, sino para convocar distintas
reuniones de tipo social y vecinal, o simplemente para estudiar con un poco de
sosiego, o escapar a los calores estivales entre la umbría del bosque de
columnas.
Las viviendas sobrias y austeras en su exterior eran un refugio de paz
y confort. Organizadas en torno a un patio en el cual si la familia se lo podía permitir se ubicaba una alberca o un pozo, las
alcobas, salones y la cocina se abrían a este espacio.
No me olvido de la Mezquita Mayor y la Alcazaba, ellas se merecen una entrada propia.
Aunque el barrio de la almedina se
haya transformado nos sigue quedando el reflejo de lo que fue en su origen, si
paseamos por él podemos sentir lo que un día debió ser.
Fotos: Mercedes Rodríguez
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